
Está siendo necesario.
que me manden pps de la virgen, de san ex-pedito, de Jesús que me ama (¡me mandaron uno con la foto de Robert Powell!) y de miles de milagritos que se me van a conceder si reenvío esas pedorradas a 152 personas en 15 segundos. O... Todo me va salir mal en los próximos 125 años.
micos y racionales se les llena la cabeza con odio religioso e irracional, soy toda ojos y oídos.
vencer. Yo respeto las creencias de los demás, no cuestiono porqué y en qué creen los otros. No me parece mucho pedir que se tenga el mismo respeto hacia mí y a los que piensan como yo. Personalmente no me gusta el pensamiento mágico. Para cambiar las cosas hay que trabajar sobre los problemas y tenemos que ser nosotros los que lo hagamos. No me parece confiable ningún "hombre invisible" (como lo llama Carlin y me encanta) para la tarea. Sobre todo porque el hombre invisible no se caracteriza por su éxito en ese tipo de cosas. El hombre invisible es tan invisible que para mí, no existe.
despierto cantidades industriales para sacar un poco de energía. Como si eso fuera poco, su reproducción es dificilísima, nace siendo casi una ratita, etc. El Claudio dice que por todo el panda tiene que joderse.
no hubiera más.
Porque los gatos son la mascota rebelde por excelencia. Nunca aprenden nada, sólo hacen lo que quieren. Se adueñan de los mejores espacios. Siempre están en el lugar más fresco cuando hace calor, y el más calentito cuando hace frío. A veces tenemos que pelear con ellos por esos espacios y siempre perdemos a fuerza de encanto, porque simplemente nos rendimos y nos vamos o porque terminamos en un rinconcito incómodo. Así es como perdí mi cama, que siempre está ocupada por mis dos gatas. No está tan mal, todas las noches tengo mi peq
ueño espacio, que ellas me prestan. No pregunten acerca del trabajo que da hacer esa cama, con dos gatos retozando entre las sábanas...
Son caprichosos, cabezas duras y encantadores. No se puede evitar la envidia al mirar la belleza de sus rasgos, lo grácil de sus movimientos, y su espíritu de bon vivant.
Cualquiera que haya retado a un gato sabe lo que es sentirse ridículo frente a alguien que pesa 4 ó 5 kilos y nos mira desafiante o con cara de estar mirando un acto de lo más desubicado. Ni hablar cuando se ofenden y pasan horas o días sin mirarnos siquiera.
Podríamos hablar (otra vez) de que Cortázar, Hemingway, Borges, Soriano y otros tenían gatos a los que adoraban y admiraban. O de que se ganaron el derecho a estar aquí por sobrevivir a inquisiciones y cazas de brujas (y así también se habrán ganado cada una de sus vidas).
Quizás la mejor explicación sea una que vi una vez en un capítulo de Garfield. Los gatos venían de otro planeta a conquistar la Tierra. Y se comunicaban entre ellos con la palabra clave "miau", que quería decir: "Los humanos son todos idiotas".